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Comparando el partido que jugó la selección nacional ante Perú y el que disputó este miércoles ante Ecuador, el combinado colombiano subió el nivel considerablemente pero una vez más, faltó el gol.
El primer tiempo de la Selección Colombia no se puede calificar de malo ni de bueno, pues fue bastante regular. Quizá pudo influir un poco el planteamiento del partido por del técnico Jorge Luis Pinto, que jugó cinco volantes y un solo delantero.
Colombia estuvo muy desordenada en el mediocampo y el defensa Elvis González lastimosamente tuvo un mal partido como sustituo de Stiven Vélez. Por la otra banda, el mediocampista Juan Carlos Escobar tuvo un partido muy pobre y sería muy raro volverlo a ver en la convocatoria. Malo al momento de recuperar balones y al ataque se le vio flojo, desconcentrado y con poca actitud.
Macnelly Torres no cumplió su trabajo con el equipo y por momentos estuvo desaparecido por completo. José ‘Ringo’ Amaya si jugó como nos tiene acostumbrados, recuperó balones durante todo el partido, nunca lo tomaron mal parado en el campo y su presencia se sintió durante todo el partido, que no habría sido lo mismo sin la seguridad que el lleva al campo de juego.
El delantero Hugo Rodallega tuvo un buen partido, pero lastimosamente no pudo anotar. Estando solo al ataque la primera mitad del encuentro, se le vio la disposición de bajar a buscar el balón cuando los pases no le llegaban, pero la soledad arriba lo terminó desgastando y no rindió igual en la segunda mitad.
Para el segundo tiempo, Pinto sustituyó a Escobar por Dayro Moreno, que le inyectó peligrosidad al ataque colombiano y también tuvo un gran trabajo al momento de bajar a recuperar la pelota. Giovanni Hernández entró por Torres y también tuvo un buen desempeño, metiendo varios pases peligrosos que los delanteros no pudieron concretar, aparte de darle un mayor orden al mediocampo nacional.
El otro cambio fue Carlos Sánchez por Elkin Soto, que tuvo apenas unos destellos de buen juego, y la sustitución ayudó al momento de marcar a Joffre Guerrón, que fue anulado por Sánchez, asociandose con González en este trabajo.
Algo que cabe resaltar es el mal trabajo del arbitro argentino Hector Baldassi. Durante todo el partido se le vio una ‘preferencia’ por los ecuatorianos a la hora de amonestar jugadores y para rematar no pitó un penal clarísimo a Dayro Moreno.
En general, la Selección Colombia tuvo un buen partido, sobretodo el segundo tiempo, y ya se perfilan algunos jugadores para establecer el planteamiento táctico y estratégico para los próximos partidos. Afortunadamente Colombia sigue invicta y sumó un importante punto en Ecuador, pero los goles tienen que llegar para dejar de sumar de a uno y empezar a sumar de a tres.

Con el arranque de Colombia en el primer tiempo, luego del gol al minuto seis, y la constante arremetida contra el arco rival, se pensó en que el 2-0 llegaría en cualquier momento. Pero el combinado nacional lentamente fue aflojando el ritmo del partido y permitió que Perú tomara un nuevo aire, ya que se cambió el esquema en el medio campo al retomar las dos lineas de cuatro y renunciar al ataque.
Al minuto 40 esto se pagó caro cuando una llegada por el costado derecho peruano se convirtió en gol gracias a un error en el área del defensa Christian Zapata, que además de todo tuvo un partido irregular. Pero el no fue el único.
Macnelly Torres no fue el mismo de siempre llevando las riendas del equipo. Muy desordenado el ataque colombiano en todo momento y si no hubiera sido por la gran primera mitad de Fabián Vargas, que lastimosamente se desmoronó por completo arrancando la segunda mitad y tuvo que ser sustituido, y el fantástico partido de Freddy Guarín, el medio campo colombiano habría sido un completo desastre.
Los delanteros volvieron a quedar en deuda. A pesar de que Hugo Rodallega marcó el gol, que analizando bien hasta mal le pega a la pelota cuando anotó y fue más cuestión de suerte que de merito propio, y que Edixon Perea tuvo un aceptable primer tiempo, nuestros atacantes siguen sin generar el peligro necesario para crear más situaciones de gol.
El juego aéreo peruano fue un dolor de cabeza que a medida que avanzaba el reloj era cada vez más exasperante e intenso para Colombia, que se defendía desesperadamente de los continuos embates por aire del país vecino.
Ni siquiera los cambios funcionaron para el técnico Jorge Luis Pinto. Entró Camilo Zúñiga por Stiven Vélez y nada cambió para los nuestros, lo mismo las sustituciones de Freddy Grisales por Fabián Vargas y ya sobre el final Pepe Portocarrero por Macnelly Torres cuando ya era obvio que Pinto estaba firmando el empate y lo único que se esperaba era que el partido finalizara para que se acabara la pesadilla que fue el encuentro.
Realmente preocupante, porque el próximo rival es Ecuador, y su puesto como penúltimo en la tabla engaña ya que para este partido llega con una convocatoria de varios jugadores que pasan por un gran momento con la Liga Deportiva Universitaria de Quito, finalista de la Copa Libertadores.
La meta de estos dos partidos ante Perú y Ecuador era sumar mínimo cuatro puntos. Ahora toca hacerse de los tres que faltan ante el rival más complicado de estos dos.

En Cali volvió a ocurrir otro hecho bochornoso. Un conductor que llevaba a los hinchas de Santa Fe, y que no era hincha del fútbol, murió debido a que algunos hinchas de América lo golpearon inmisericordemente debido a que prestaba un servicio a otro equipo.
La intolerancia está llegando a niveles impresionantes. Y no es nuevo. Las muertes y heridos son cada vez más comunes en nuestro fútbol y las autoridades no aparecen. Al contrario, no prestan la seguridad necesaria para este tipo de eventos.
El sábado, en Cali, 500 hinchas de Santa Fe salieron del estadio media hora después que 30.000 hinchas del América. Los buses que esperaban a los hinchas bogotanos para devolverse a la ciudad tuvieron que encontrarse con algunos hinchas enloquecidos y sufrieron las consecuencias de la intolerancia.
¿Y las autoridades? ¿Dónde estaban? Al parecer les importa poco la seguridad de la gente que va al fútbol y, mucho menos, de otras ciudades.
Es hora de que ya haya medidas serias para evitar este tipo de cosas. Multas de dinero, no dejarlos entrar al estadio y hasta cárcel deberían ser las consecuencias de este tipo de actos.
Ya resulta cansón decirlo y hasta repetitivo, pero no queremos más violencia. Las autoridades deben poner de su parte y evitar este tipo de actos. El fútbol está para disfrutar y no para lamentar.