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El colombiano parece que no se cansa de ganar. El fin de semana, Montoya y su equipo de llevaron, por segundo año consecutivo, las 24 Horas de Daytona, una carrera de resistencia y velocidad en autor prototipo.
Es como la versión americana de las 24 Horas de Le Mans, que junto con el gran Premio de Mónaco y las 500 Millas de Indianápolis, conforman la triple Corona del automovilismo mundial.
Hay quienes, con odio en sus palabras, descalifican a Montoya por no haber salido campeón de la F1, por haberse ido a NASCAR, por ser temperamental y por muchas cosas más. Pero lastimosamente para esos que lo odian, aquí les va un secreto: Juan Pablo Montoya es posiblemente uno de los mejores pilotos de la historia. Donde llega gana.
Y es que lo bueno de Montoya es eso, que no se queda pegado en una sola categoría. En CART duró dos años, en F1 seis años y a pesar de ir para su segundo año en NASCAR se toma el trabajo de imponerse retos nuevos que exigen de sus conocimientos automovilísticos y participa de estas carreras como las 24 Horas de Daytona para imponerse retos nuevos. Su instinto competitivo así se lo pide.
Montoya, no te preocupes. Ya no tienes nada que probar, pues digan lo que digan, está más que demostrado que eres uno de los mejores y más completos pilotos del automovilismo mundial.

El múltiple campeón olímpico Michael Johnson dijo en un entrevista al diario The Gulf Times de Qatar que pensar en que el deporte se iba a librar alguna vez del problema del dopaje era una completa utopía.
Para bien o para mal, Johnson tiene razón. Como todo en la vida, para todo lo positivo existe el lado negativo. En los colegios y universidades están los que estudian y les va bien y están los que se copian, compran exámenes y sobornan profesores para conseguir graduarse.
En las oficinas están los que llegan temprano, trabajan sin parar, laboran horas extras y no se quejan absolutamente de nada, también están los que llegan tarde, se van temprano, hacen como si trabajaran y en verdad lo que están haciendo es calentando el puesto y gastando la ropa. Los ejemplos del bien y el mal son interminables.
En el deporte siempre estarán los deportistas que consiguen las cosas con trabajo duro, esfuerzo constante y sacrificio, y también siempre estarán los que se doparán para no tener que trabajar tan duro y conseguir cosas que por el medio correcto y legal no podrían.
Lo único que se puede hacer es implementar medidas para tratar de reducir las posibilidades que esto pase, pero la realidad es que el dopaje nunca dejará de existir .

Uno como aficionado se alegraría por la intención de la Dimayor y los dueños de los derechos por televisión de emitir todos los partidos de la fecha. Una oportunidad además para aquellos equipos a los que nunca llegan las camáras ni el despliegue técnico que siempre tienen las plazas grandes.
Una buen esfuerzo, que amenaza por verse afectado por los relatores y comentaristas que se encargarán de conducir estas transmisiones. Resulta un fastidio oìr a estos señores repetir el estilo de radio a la televisión. Con la gastada excusa de "es que ese es nuestro estilo porque somos un país festivo" nos saturan de gritos sobreactuados, de información imprecisa, de chistes flojos durante 90 minutos.
De solo imaginarlo, ya da aburrimiento. Ni hablar de los reporteros de campo que apelan al manual de las preguntas de siempre para justificar su presencia en ese equipo de trabajo.
Una pena, que la ampliación de esta cobertura llegue de la mano de estos locutores gritones que espantan a los aficionados de los televisores.

Una vez más la FIFA amenaza con vetar el fútbol a más de 2.500 metros de altura, en caso de que no haya un período mínimo de aclimatación de dos semanas. Algo casi imposible por la negativa de los clubes, sobre todo los de Europa, de liberar a los jugadores con tanta anticipación. Parece que a la entidad que regula el fútbol mundial le importa poco ese pacto de caballeros de respetar las normas desde un principio.
La primera amenaza en mayo de 2007 no surtió efecto. Médicos de alto reconocimiento en Sudamérica comprobaron que jugar en la altura no representaba riesgo alguno para la salud de los jugadores, como lo insinuó la FIFA. Entonces, los máximos dirigentes del fútbol dieron marcha atrás y avalaron a La Paz, Quito y Bogotá, como sedes de los partidos de eliminatorias.
El torneo arrancó, se jugaron partidos en esas tres ciudades, Argentina y Brasil pasaron por Bogotá y comprobaron que la vida sigue como si nada.
Además, Colombia subió hasta La Paz y el único problema que tuvo fue que dejó escapar la victoria por un remate que le sacaron a Wason Rentería de la raya. De resto no pasó nada.
Con las eliminatorias ya en juego, la FIFA retoma las amenazas. Exige cambiar a las sedes de la altura cuando ya hubo varias selecciones que jugaron en ella.
¿Colombia será la única que tendrá ir que a La Paz? ¿Qué dirán Argentina y Brasil que ya jugaron en Bogotá, si los demás juegan en Barranquilla?
Entre las voces que exigen seriedad se destaca la de José Luis Chilavert que defendió la altura con todo. El ex portero paraguayo acusó de Brasil y Argentina de fomentar el veto por el miedo que sienten. "Es una injusticia más de la FIFA", sentenció Chilavert.
El martes en Santiago, la cúpula de Conmebol se reúne para llevar una respuesta oficial a la FIFA.
Por el respeto que merece un fútbol que tiene la misma cantidad de mundiales ganados que Europa, la entidad rectora de fútbol debe cumplir con lo que prometió antes del comienzo de las eliminatorias.
Es de caballeros no cambiar las reglas a mitad del juego.